Por: Lic. Alonzo Cueva Rojas
Esa coraza que exhiben no es fuerza, es el terror paralizante de la oligarquía. Golpean porque están aterrorizados; tienen pánico de que el pueblo organizado les arranque de cuajo los privilegios que usurpan desde la colonia. Cuando el pánico les atrapa el alma, se arrancan la careta democrática y muestran su verdadero rostro: la ilegalización, la persecución, la proscripción, la cárcel, el asesinato.
Hace 12 años, en el 2014, un CNE de lacayos, sirvientes de un gobierno que blasfemó la palabra revolución, asesinó al MPD a sangre fría. Fue un fusilamiento político, y cuatro años después, en el 2018, tuvieron que tragarse su infamia cuando se nos devolvió la vida jurídica del partido, sí, pero el crimen ya estaba perpetrado.
¿Nos desaparecieron? ¡NO, CARAJO! De las cenizas del MPD emergió la Unidad Popular. Su bala nos hizo organización, su represión nos convirtió en trinchera.
¡Y hoy repiten la canallada! Atamaint y Merino, sicarios de la democracia a sueldo del Estado, firman por orden de Noboa la muerte civil de la Unidad Popular. Lo hacen con expedientes falsos, con el debido proceso hecho añicos. ¡Esto es dictadura con membrete! Cuando el árbitro agarra el fusil del amo, la democracia ya está muerta.
Pero óiganlo bien, oligarcas: no nos van a enterrar con un oficio trucho de escritorio. Unidad Popular está en la calle, en el estómago vacío, en la rabia del obrero, en el puño de la mujer que ya no aguanta más.
Por eso tiemblan. Porque aquí seguimos de pie, organizados, y afilando la lucha.
¡El miedo es de ustedes! ¡La calle es nuestra! ¡La historia es nuestra! ¡Y la victoria también será nuestra!





