Noticias Zamora
Kantzama Bajo: el dolor que la montaña no sepultó
Un mes después del deslave que cambió para siempre a la parroquia Guadalupe, las campanas siguen sonando para quienes aún no regresan. La montaña dejó de caer hace semanas; el dolor, en cambio, continúa descendiendo cada día sobre las familias que aprendieron a vivir entre la memoria, la fe y la incertidumbre.
Hay tragedias que terminan cuando las cámaras se apagan.
Y hay otras que apenas comienzan.
En Kantzama Bajo, la madrugada del 4 de julio de 2026 no solo sepultó viviendas bajo toneladas de tierra y roca. También enterró proyectos de vida, destruyó árboles genealógicos completos y rompió una tranquilidad que durante décadas había definido a esta comunidad amazónica de la parroquia Guadalupe, en el cantón Zamora.
Treinta y un días después, el barro ya no ocupa las portadas nacionales. Las brigadas de emergencia disminuyeron. Los motores de la maquinaria pesada dejaron de escucharse con la misma intensidad.
Pero en el corazón de las familias, la tragedia sigue ocurriendo.
Porque todavía faltan seis personas por regresar.
El regreso al lugar donde el tiempo se detuvo
A las cinco de la tarde del martes 4 de agosto, los habitantes comenzaron a caminar lentamente hacia el lugar donde hace apenas un mes la montaña descendió con una fuerza capaz de borrar calles enteras.
Algunos abrazaban a sus hijos con una fuerza distinta, como quien ha descubierto que la vida puede cambiar en cuestión de segundos. El viento apenas movía las hojas de los arboles. Sobre las piedras todavía podían observarse las cicatrices del deslave.
Allí, en medio del silencio, el padre Telmo Vinicio Girón inició la eucaristía.
Las primeras palabras apenas lograron romper la quietud.
Después llegaron las lágrimas.
Porque cuando una comunidad pierde diecinueve vidas en una sola madrugada, las oraciones dejan de ser un ritual religioso para convertirse en un acto colectivo de supervivencia.
Hay nombres que ya descansan. Hay otros que siguen esperando
Uno por uno fueron pronunciándose los nombres de quienes lograron volver a casa, aunque fuera para recibir el último adiós.
Víctor Hugo Arias Herrera.
Segundo Miguel Ordoñez Patiño.
El pequeño Eitan Lozano Amay, de apenas un año de edad.
Santiago Sanimba Antun.
María Rosa Sucunuta Quituisaca.
Carmen Inés Pineda Carpio.
Gilberto Humberto Amay Villavicencio.
Mirely Jackeline Quezada Amay.
Walter Adrián Quezada Amay.
Dominga Soledad Valarezo Putzama.
Gladys Mariela Amay Pineda.
Patricia Elizabeth Jaramillo Ortega.
Juan Carlos Tejedor Quezada.
Cada nombre resonó como una campana.
Cada nombre provocó un nuevo llanto.
Porque detrás de cada víctima existe una mesa con un puesto vacío, una habitación que permanece intacta y una familia que todavía conversa con fotografías.
Pero hubo un instante particularmente doloroso.
Cuando terminaron de leer los trece nombres recuperados, el silencio volvió a ocupar el lugar de las palabras.
Era el espacio reservado para quienes aún permanecen desaparecidos.
Liliana Tiwi Kuji.
Franklin Quezada.
Mayla Vera Amay.
Marjury Ortiz Tacuri.
Luis Miguel Granda Tuza.
Ivonne Margareth Panchi Rodríguez.
Ellos siguen sin regresar.
Y mientras no aparezcan, para sus familias la tragedia continuará ocurriendo cada amanecer.
La solidaridad llegó antes que el olvido
Cuando Rosa Pineda tomó el micrófono, no habló desde el resentimiento.
Habló desde la gratitud.
Recordó que durante los días más difíciles miles de personas llegaron desde diferentes provincias para ayudar a remover escombros, entregar alimentos, donar combustible, prestar maquinaria o simplemente abrazar a quienes habían perdido absolutamente todo.
Éder Tiwi continuó el homenaje recordando que la tragedia también mostró el rostro más humano del Ecuador.
Bomberos.
Policías.
Militares.
Paramédicos.
Médicos.
Voluntarios.
Funcionarios públicos.
Conductores de maquinaria pesada.
Empresas privadas.
Comunidades indígenas.
Vecinos que nunca habían pisado Guadalupe.
Todos terminaron compartiendo el mismo objetivo: encontrar a quienes la montaña había ocultado.
En las grandes catástrofes, la solidaridad suele convertirse en la única institución que nunca llega tarde.
El duelo que las estadísticas no pueden medir
Gestión del riesgo insiste en una verdad frecuentemente ignorada: los desastres no terminan cuando finalizan las operaciones de rescate.
Comienzan entonces otras emergencias menos visibles.
La ansiedad.
La depresión.
El estrés postraumático.
La pérdida de medios de vida.
La ruptura del tejido comunitario.
La incertidumbre permanente.
Kantzama Bajo vive hoy una segunda tragedia.
Más silenciosa.
Más lenta.
Pero igualmente devastadora.
Porque mientras existan personas desaparecidas, las familias permanecen suspendidas entre dos dolores: no pueden despedirse definitivamente ni pueden conservar intacta la esperanza.
Los psicólogos llaman a este fenómeno «duelo ambiguo»: una ausencia que nunca encuentra un cierre.
La reconstrucción no puede quedarse en el discurso
Durante la ceremonia nocturna, organizada por el Gobierno Parroquial y el Comité Pro-Mejoras de Guadalupe, Franklin Santos recordó que la comunidad agradece profundamente toda la ayuda recibida.
Sin embargo, también advirtió que la solidaridad debe transformarse en políticas públicas permanentes.
La reconstrucción exige mucho más que maquinaria.
Exige planificación territorial.
Evaluaciones geológicas rigurosas.
Viviendas seguras.
Sistemas de alerta temprana.
Educación comunitaria sobre gestión del riesgo.
Atención psicológica prolongada.
Y, sobre todo, el cumplimiento de los compromisos asumidos por las autoridades.
Porque levantar paredes resulta más sencillo que reconstruir la confianza de un pueblo que vio desaparecer a diecinueve de sus habitantes en una sola madrugada.
Cuando la noticia termina y comienza la historia
El periodismo suele medir el tiempo en primicias.
Las comunidades lo hacen en ausencias.
Mientras los titulares nacionales avanzan hacia nuevos acontecimientos, Guadalupe continúa viviendo el mismo día.
Cada lluvia vuelve a despertar el miedo.
Cada ruido proveniente de la montaña revive aquella madrugada.
Cada aniversario recuerda que existen seis familias que todavía esperan encontrar a sus seres queridos para poder cerrar un duelo que permanece inconcluso.
La montaña guarda silencio. El pueblo no puede hacerlo
La misa terminó.
Las velas comenzaron a apagarse lentamente.
Los asistentes regresaron a sus hogares.
Pero antes de marcharse, muchas personas miraron una vez más hacia la montaña.
No con rabia.
No con miedo.
Sino con esa mezcla de esperanza y resignación que solo conocen quienes siguen esperando un milagro.
Porque Kantzama Bajo comprendió una lección que ninguna comunidad quisiera aprender.
Que existen tragedias capaces de destruir una geografía en pocos minutos.
Pero también existen dolores que necesitan generaciones enteras para reconstruirse.
Y mientras los nombres de Liliana, Franklin, Mayla, Marjury, Luis Miguel e Ivonne continúen perdidos entre la tierra, los ríos y la memoria, la historia de esta comunidad seguirá escribiéndose en tiempo presente.
La montaña dejó de caer hace un mes.
El duelo, en cambio, todavía no encuentra dónde descansar.
Noticias Zamora
OPINIÓN | El silencio del Olimpo militar: La caída del Bi-Tri a Segunda Categoría
Por: Alonzo Cueva Rojas
“Yo no tengo la culpa
de tener la sangre roja
y el corazón a la izquierda”.
Desde Zamora Chinchipe,
con el orgullo intacto
del Bi-Tricampeón.
La consumación del descenso del Club Deportivo El Nacional a la Segunda Categoría no es un simple resultado estadístico; es una puñalada directa a nuestra historia. Ver al único e irrepetible Bi-Tricampeón del país desterrado del fútbol profesional genera un dolor profundo que sacude los cimientos del balompié nacional. Como hincha que, a la distancia, desde Zamora Chinchipe, ha celebrado en las buenas y ha llorado en las malas, siento el colapso de un símbolo de identidad patria.
Para dimensionar este luto, es obligatorio hacer memoria. Esta leyenda nació el 6 de febrero de 1963 como la Selección del Ejército, por iniciativa del Capitán Hugo Enderica Torres. Luego compitió en torneos provinciales bajo el nombre de Club Mariscal Sucre, vistiendo de azul y amarillo, hasta que el 1 de junio de 1964 se refundó oficialmente como Club Deportivo El Nacional. Desde su génesis, adoptó un principio inquebrantable: jugar única y exclusivamente con futbolistas ecuatorianos. Así nació la esencia de los «Puros Criollos», demostrando al continente que la verdadera grandeza no necesitaba mirar fuera de sus fronteras.
Lejos de ser una limitación, esa política fraguó una época dorada. «La Gloria del Fútbol» cosechó 13 Campeonatos Nacionales y 2 Copas Ecuador, siendo el único club del país en lograr dos tricampeonatos consecutivos (1976-1978 y 1982-1984). Además, su cantera alimentó a la Selección con leyendas como Fabián Paz y Miño (goleador histórico), José Villafuerte, Ermen Benítez, Carlos Ron, y astros modernos como Antonio Valencia, Christian «Chucho» Benítez y Segundo Castillo.
Hoy, esos ecos de gloria se ahogan en la impotencia. El gigante tocó fondo, pero El Nacional no murió en la cancha por falta de garra; lo asfixió la desidia dirigencial. Esta catástrofe es el reflejo de años de directivas inoperantes y pésimas administraciones que arrastraron al club a una deuda cercana a los 12 millones de dólares. Las restas de puntos por escritorio y la quiebra económica desmantelaron el alma del equipo, sentenciando este desplome definitivo hacia el amateurismo.
La Segunda Categoría será un purgatorio inhóspito, pero también la oportunidad de una reestructuración total que expulse a quienes nos hicieron daño. El Nacional debe volver, porque un fútbol ecuatoriano sin los «Puros Criollos» en la élite es un fútbol incompleto. La historia no se borra con deudas, y la gloria acumulada en nuestro escudo exige un retorno digno de su estirpe. A pesar de la tormenta, la garganta no se apaga. Hoy más que nunca, sacamos el pecho y gritamos nuestra arenga eterna: ¡Y dale, y dale, y dale el Nacional! El ¡Nacho de mi vida! volverá a rugir con la fuerza de su historia.
Noticias Zamora
Prefectura interviene en la vía Zumbi–Paquisha, sector La Florida
Zamora Chinchipe. Desde las primeras horas de este lunes, la Prefectura de Zamora Chinchipe mantiene trabajos de desalojo y limpieza en la vía Zumbi–Paquisha, sector La Florida, con el objetivo de recuperar la circulación vehicular en este tramo.
La prefecta Karla Reátegui se trasladó hasta el lugar para supervisar directamente las labores y coordinar las acciones con el equipo operativo de la institución y personal de una empresa privada.
En el sitio se encuentra maquinaria y personal trabajando en el retiro de material y la limpieza de la calzada, como parte de la atención a la emergencia vial.
La Prefectura informó que las labores continuarán hasta avanzar en la recuperación del tramo y garantizar la movilidad de quienes utilizan esta importante vía.
Noticias Zamora
Bingo solidario en Chinchipe recauda cerca de $650 para apoyar a Henry Camacho
Chinchipe.– La solidaridad de los habitantes del barrio El Cisne se hizo presente el domingo 6 de septiembre, durante un bingo solidario organizado por un grupo de amigos y liderado por Ober Valdez, vocal de la Junta Parroquial, con el propósito de apoyar a Henry Camacho Guevara, quien permanece hospitalizado en el Hospital Isidro Ayora de la ciudad de Loja tras sufrir un accidente de tránsito.
La actividad se desarrolló a partir de las 15:00 y contó con la participación de moradores y ciudadanos que se sumaron a esta iniciativa mediante la compra de tablas, además de personas que colaboraron con la donación de premios para hacer posible la jornada.
Como resultado de esta acción solidaria, se logró recaudar aproximadamente 650 dólares, recursos que fueron entregados directamente a Martha Guevara, madre de Henry Camacho, y que serán destinados a contribuir con los gastos y necesidades que enfrenta la familia durante su recuperación.
Durante la entrega, Martha Guevara expresó su agradecimiento a Ober Valdez, a sus amigos y a todas las personas que colaboraron con la iniciativa. Con emoción, manifestó: “Dios les pague”, destacando que la ayuda recibida representa un respaldo importante para su hijo y su familia.
La jornada también refleja una faceta de la gestión comunitaria de Ober Valdez, quien ha participado en iniciativas de apoyo a ciudadanos y familias de su localidad. Para Valdez, el acompañamiento a la comunidad no debe limitarse a la gestión institucional, sino también expresarse en momentos difíciles, cuando una familia necesita del respaldo de sus vecinos y amigos.
“En las buenas y en las malas, siempre tendrán un amigo”, es el mensaje que resume el espíritu de esta iniciativa, que permitió unir esfuerzos para brindar una ayuda concreta a Henry Camacho y su familia.
Más allá de la recaudación económica, el bingo dejó un mensaje de solidaridad, unidad y compromiso comunitario, demostrando que la organización ciudadana puede convertirse en un apoyo fundamental para quienes atraviesan situaciones adversas.
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