Por: Mario Alexis González
Multimedia:
Nelson Dávalos, Gonzalo Calvache e Israel Mora
Desarrollo y Diseño:
Estefanía Celi y Diego Palacios
El cementerio del Sagrado Corazón, en Texas, exhibe una bandera de Estados Unidos maltrecha y decenas de cruces de tubos y maderas sin nombres.
Es la última morada de migrantes que murieron deshidratados o con hipotermia.
El mal llamado sueño americano muchas veces termina en muerte para quienes huyen de la falta de oportunidades en Ecuador.
Benny Martínez, sheriff del condado de Brooks, reporta más de 1.000 cuerpos recuperados desde 2009 en terrenos muy áridos.
El calor extremo de más de 50 grados centígrados y el abandono de ‘coyoteros’ que dejan a los grupos a su suerte causan estas tragedias, convirtiendo al silencioso desierto en una inmensa fosa común. La historia empieza en Ecuador.

Ecuador enfrentó una ola migratoria sin precedentes después de la pandemia de Covid-19, comparable con la del inicio de 2000 por la crisis bancaria. La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) registró 116.229 encuentros con ecuatorianos en 2023, que subió a 122.072 durante 2024.
Este masivo flujo se compone sobre todo por adultos solos, con 71.657 casos en 2024, y por 47.394 familias que arriesgaron todo en la frontera.
Aunque la tendencia decreció en 2025 tras controles estrictos, miles de ecuatorianos siguen intentando escapar de las crisis económica y de seguridad que coexisten puertas adentro.
La travesía terrestre implica peligros severos desde el inicio. ‘Jorge’ (nombre protegido), un joven migrante, relata cómo fue extorsionado en la selva de Colombia mediante el uso de pulseras de colores. Estas sirven para identificar a los migrantes que han pagado una tarifa para poder cruzar la frontera con Panamá y seguir el trayecto.
Cada color permite a los grupos criminales, que controlan el paso, saber quién ha pagado y quién no.
LA HISTORIA DE JORGE

A los migrantes les colocaban tres manillas plásticas de colores verde, naranja y roja en la muñeca, las cuales eran utilizadas por grupos irregulares para controlar el paso obligatorio por la selva de Colombia, en noviembre de 2023. ILUSTRACIÓN: PRIMICIAS con ayuda de Gemini

En la carretera de Durango, en México, agentes federales de la policía interceptaron el bus en el que viajaba ‘Jorge’ y lo entregaron, junto con otros migrantes, a miembros de bandas organizadas en noviembre de 2023. ILUSTRACIÓN: PRIMICIAS con ayuda de AI
Quienes no cuentan con la pulsera enfrentan amenazas y restricciones para continuar su camino. En México, la situación empeora por el control de bandas criminales en las rutas.
El viaje de ‘Jorge’ se interrumpió en Durango, donde la policía federal lo entregó al Cártel de Sinaloa. Tras 15 días secuestrado en una finca junto a decenas de personas, su familia pagó USD 3.500 para evitar que fuera vendido a otra banda, una realidad violenta que se vive en cada tramo de la ruta.
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Un recorrido por la frontera de Estados Unidos y México por el paso de migrantes.
El endurecimiento de políticas de control y la eliminación de vías de asilo cambiaron el panorama de quienes logran cruzar. Entre 2022 y marzo de 2026, el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) detuvo a 25.089 ecuatorianos irregulares en Estados Unidos, truncando todo su esfuerzo y deudas.

División fronteriza con el muro entre Nogales, Sonora (México) y Nogales, Arizona (Estados Unidos). FOTO: PRIMICIAS
Las redadas se concentran en zonas urbanas pobladas por migrantes. En el área de Nueva York, las autoridades detuvieron a 8.180 ecuatorianos en ese lapso. El temor constante a la deportación obliga a los obreros a vivir en la clandestinidad y a caminar largas horas para evitar los duros controles, como se observa en distintas ciudades del siguiente mapa.
DESLICE
La deportación representa el retorno forzado al punto de origen en peores condiciones financieras.
Los vuelos de repatriación traen a grupos de hasta 250 ecuatorianos encadenados de pies, manos y cintura, bajo un estricto resguardo federal que los vigila de forma implacable durante todo el trayecto.

Vista del Puente de Hidalgo, desde la orilla del Río Grande, en la frontera entre Estados Unidos y México en McAllen, Texas, el 18 de mayo de 2026. FOTO: PRIMICIAS

Fila de ciudadanos mexicanos con visa que buscan entrar a Estados Unidos a través del Puente de Hidalgo, el 18 de mayo de 2026. FOTO: PRIMICIAS
Límite fronterizo regular entre Estados Unidos y México, en el Puente de Hidalgo, Texas, el 18 de mayo de 2026. FOTO: PRIMICIAS
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Esteban (nombre protegido), de 63 años, retornó deportado tras vivir 25 años en Brooklyn, ciudad donde trabajó en el sector de la construcción.
El migrante prefirió firmar la salida voluntaria para evitar meses de encierro. Llegó solo a Guayaquil, una ciudad costera en Ecuador, ya que sus hijos, también migrantes irregulares, siguen en Estados Unidos.
El panorama actual en la frontera sur de Estados Unidos muestra un control militarizado total en el segundo mandato de Donald Trump.
Los cruces masivos terminaron y el Río Grande se mantiene como una barrera natural letal, patrullada por agentes que aplican la deportación inmediata ante todo intento.

Pie de foto: Vista general del Río Grande desde el mirador de Roma, ciudad del condado de Starr en Texas. Al frente está la ciudad mexicana Miguel Alemán, el 18 de mayo de 2026. FOTO: PRIMICIAS
Quienes intentan evadir la vigilancia por desiertos de Arizona deben caminar cerca de 100 kilómetros bajo temperaturas extremas.
Las bandas exigen hasta USD 25.000 por traslados internos falsos, usando manillas de colores como marca de pago.
Estas sirven para identificar a los migrantes que han pagado por determinados tramos de la ruta, mientras el riesgo de morir deshidratados acecha de cerca. Fuente: Primicias





