Carlos Echeverría, integrante del Cuerpo de Bomberos de Zamora, relató cómo vivió la tragedia, cuestionó la falta de planificación preventiva y planteó la necesidad de implementar un plan integral de gestión de riesgos en la provincia.
A pocos días del devastador aluvión registrado en el sector de Kantzama, parroquia Guadalupe, el bombero del cantón Zamora Carlos Echeverría, con amplia trayectoria en atención de emergencias en Zamora Chinchipe, compartió un extenso testimonio sobre los momentos que marcaron la respuesta institucional durante la tragedia, las falencias en materia de prevención y las lecciones que, a su criterio, deben asumir las autoridades y la ciudadanía.
Durante una entrevista concedida, Echeverría explicó que la primera alerta fue recibida por el personal del Cuerpo de Bomberos a través del ECU 911, inicialmente por inundaciones registradas en el sector de Chamico. Sin embargo, conforme avanzó la noche, la emergencia escaló debido a la creciente del río en Kantzama, lo que motivó el acuartelamiento del personal para atender la situación.
El bombero relató que, antes de desplazarse al lugar de la tragedia, parte del contingente fue destinado a garantizar el abastecimiento de agua potable en la ciudad de Zamora mediante un vehículo tipo Bambi, debido a las afectaciones ocasionadas por las lluvias. Posteriormente, una vez que el ECU 911 reportó el agravamiento de la emergencia, los equipos fueron movilizados hacia Kantzama.
En la zona, los bomberos iniciaron labores de evacuación de familias y rescate de enseres. Según Echeverría, al disminuir momentáneamente el caudal del río, varios moradores manifestaban que este tipo de crecientes eran habituales, aunque reconocían que el nivel alcanzado por el agua había superado lo ocurrido en ocasiones anteriores.
Posteriormente, una comisión integrada por la entonces gobernadora de Zamora Chinchipe, personal del Cuerpo de Bomberos y otros funcionarios se trasladó hacia la parte alta del sector para verificar los daños ocasionados en la vía por el desvío del cauce del río. Allí constataron que la corriente seguía erosionando la calzada, por lo que recomendaron evacuar el área.
Sin embargo, mientras varias personas permanecían reunidas con autoridades y habitantes del sector, se produjo el momento más crítico de la emergencia.
Echeverría recordó que un fuerte estruendo precedió al aluvión que descendió desde la montaña. Junto con otros compañeros comenzó a alertar a los presentes para que buscaran refugio en zonas altas, aunque señaló que algunas personas no atendieron inmediatamente las recomendaciones porque consideraban que el fenómeno era parte del comportamiento habitual del río.
El bombero narró que decidió correr hacia una zona elevada, pero regresó al escuchar el pedido de auxilio de una mujer que llevaba a una niña en brazos. Logró tomar a la menor e intentar evacuarla; sin embargo, ambos fueron alcanzados por la fuerza del aluvión.
En su testimonio describió cómo fue arrastrado entre lodo, árboles, piedras y enormes palizadas durante varios kilómetros, permaneciendo por momentos atrapado entre troncos hasta lograr liberarse y continuar luchando por sobrevivir. Producto del impacto sufrió diversas lesiones, entre ellas una perforación en el labio que posteriormente requirió intervención quirúrgica.
A pesar de su estado físico, Echeverría continuó colaborando en las labores de rescate, alertó a los bomberos del cantón Centinela del Cóndor (Zumbi) sobre la magnitud de la tragedia y participó en la búsqueda de personas arrastradas por la corriente.
El rescatista destacó que uno de los aspectos más conmovedores fue la solidaridad demostrada por la población durante las horas posteriores al desastre. Recordó el apoyo recibido por ciudadanos que colaboraron con agua, transporte y asistencia mientras él continuaba intentando rescatar víctimas.
Respecto a las lecciones que deja la tragedia, sostuvo que Ecuador mantiene importantes debilidades en materia de gestión del riesgo.
Consideró indispensable fortalecer la cultura de prevención mediante simulacros permanentes, educación ciudadana y una mayor coordinación entre las instituciones responsables de la gestión de emergencias.
Asimismo, señaló que el país carece de sistemas modernos de monitoreo hidrológico y de alertas tempranas que permitan advertir oportunamente sobre crecidas de ríos o posibles aluviones, especialmente en provincias como Zamora Chinchipe, caracterizadas por su compleja geografía y la presencia de múltiples afluentes.
Durante la entrevista también expresó preocupación por diversos puntos considerados vulnerables dentro del cantón Zamora, entre ellos el deslizamiento registrado meses atrás en el sector de Tres Cruces. A su criterio, estos sitios requieren seguimiento técnico permanente para reducir riesgos futuros.
Echeverría manifestó que la planificación territorial debe contemplar escenarios de amenazas naturales y propuso que las autoridades impulsen un plan estratégico provincial de gestión de riesgos que incluya monitoreo constante de zonas inestables, sistemas de alerta temprana, fortalecimiento institucional y procesos permanentes de capacitación comunitaria.
En el ámbito personal informó que continúa en proceso de recuperación debido a la presencia de agua contaminada en los pulmones producto del aluvión. Señaló además que uno de sus compañeros permanece hospitalizado con un cuadro de mayor complejidad por lesiones internas ocasionadas durante la emergencia.
Finalmente, reveló que dejará de desempeñar funciones operativas dentro del Cuerpo de Bomberos tras haber sido reasignado a labores administrativas, decisión que —según indicó— ya le fue comunicada institucionalmente. Agradeció las múltiples muestras de solidaridad y el apoyo económico brindado por la ciudadanía tras la tragedia, asegurando que ese respaldo fue fundamental para la recuperación física y emocional del personal que participó en las operaciones de rescate.
El testimonio de Carlos Echeverría constituye uno de los relatos más detallados sobre los acontecimientos ocurridos durante el aluvión de Kantzama y plantea la necesidad de fortalecer la prevención, la planificación y la gestión integral del riesgo para evitar que una tragedia de similares características vuelva a repetirse en la provincia.





