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Anita Peñarreta: la voz que abrazó la paz y se despidió en silencio

Publicado elamazonico elamazonico 4 min de lectura
Actualizado: 13/02/2026

La mañana se volvió más fría de lo habitual. No por el clima, sino por el silencio. Ese silencio que deja una voz cuando se apaga sin previo aviso. Este jueves 12 de febrero, la Policía Nacional del Ecuador despidió con profundo dolor a Anita Peñarreta, locutora de Radio Vigía, periodista, compañera y, como la institución la reconoce, una auténtica “dama de la paz”.

Anita nació el 23 de noviembre de 1993 en Zumba, cantón Chinchipe, provincia de Zamora Chinchipe. Allí creció junto a sus padres y hermanos, entre afectos sencillos y sueños grandes. Quienes la conocieron desde niña recuerdan su facilidad para la palabra, su voz clara y firme en los actos escolares, su inclinación natural a preguntar, a escuchar, a narrar.

En sus redes sociales solía compartir fragmentos de cabina: micrófonos encendidos al amanecer, libretas llenas de apuntes, fotografías con uniforme impecable y una sonrisa luminosa. “Comunicar también es servir”, escribió alguna vez. Esa frase, breve y contundente, terminó por definir su vida.

Vocación que se volvió servicio

Su pasión por el periodismo la llevó a formarse profesionalmente en esta carrera, donde destacó por su disciplina y compromiso. No era solo la voz; era el rigor. La precisión en los datos. El respeto por la fuente. La búsqueda de equilibrio entre información y sensibilidad.

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En 2023 decidió dar un paso que sorprendió a muchos: ingresar a las filas policiales. No abandonaba el periodismo; lo transformaba. Quería convertirse en guardiana de la paz desde la comunicación institucional, aportar a la construcción de confianza ciudadana y fortalecer la imagen de una institución que también se narra todos los días.

Se integró inicialmente al equipo de prensa digital, donde participó en la elaboración de múltiples reportajes que documentaban la labor policial en territorio. Más adelante, pasó a formar parte del equipo de comunicación externa de la Dirección de Comunicación, destacándose por la redacción técnica y responsable de noticias policiales, siempre con un enfoque humano.

Compañeros de trabajo recuerdan su puntualidad, su ética profesional y su capacidad para trabajar bajo presión sin perder la serenidad. “Tenía carácter, pero también ternura”, comentan quienes compartieron con ella jornadas intensas de cobertura.

La voz de la mañana

En Radio Vigía inició conduciendo un noticiero matinal. Desde muy temprano, su voz atravesaba hogares y oficinas, entrevistando a expertos en seguridad, líderes comunitarios y autoridades. No improvisaba: investigaba. No confrontaba por confrontar: preguntaba para esclarecer.

Con el tiempo asumió la conducción de su propio espacio, “El Informativo”, un programa que llevó su sello personal. Era directa, pero empática. Firme, pero cercana. Su estilo combinaba precisión periodística con calidez humana.

En cada transmisión defendía un principio: la información como herramienta de prevención y convivencia. Creía en el poder de la palabra para construir puentes.

La memoria que queda

Hoy, a los 32 años, su voz se apagó inesperadamente. Y con ello, la institución, sus colegas, amigos y familiares enfrentan el desconcierto que deja lo abrupto. La fugacidad de la existencia se vuelve tangible cuando una vida joven se interrumpe.

Sus seres queridos la recuerdan por su alegría contagiosa, su compañerismo, su carisma y su inteligencia. En fotografías recientes se la ve riendo con micrófono en mano, abrazando a sus compañeros, celebrando metas alcanzadas. Imágenes que hoy adquieren un significado distinto: testimonio de una vida vivida con intensidad y propósito.

La Policía Nacional del Ecuador ha expresado sus condolencias a sus padres, familiares, amigos y seres queridos, elevando una oración para que el Todopoderoso les conceda fortaleza en estos momentos de profundo dolor.

Anita no solo fue una comunicadora. Fue una servidora pública convencida de que informar también es proteger. Su legado queda en cada reporte bien hecho, en cada entrevista responsable, en cada mañana en que su voz acompañó a la audiencia.

Hasta siempre, dama de la paz. Tu eco seguirá resonando donde haya un micrófono encendido y una historia que contar.

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