El docente e investigador de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL), Dr. Jorge Benítez Hurtado, desarrolló un análisis sobre la corrupción en el país, destacando la necesidad de comprender este fenómeno como un sistema complejo que supera la mera expedición de normas y sanciones tradicionales. Sus declaraciones se dieron en un espacio de diálogo en Diario El Amazónico, donde expuso una visión interdisciplinaria sustentada en las ciencias de la complejidad, la psicología social y la teoría jurídica contemporánea.
La corrupción como sistema complejo
El académico explicó que la corrupción no puede combatirse únicamente con más leyes, tratados o endurecimiento de penas. Señaló que Ecuador es uno de los países con mayor número de instrumentos internacionales suscritos contra la corrupción, pero continúa ubicado alrededor del puesto 121 entre los países más corruptos del mundo.
Benítez enfatizó que las normas representan apenas el «primer escalón de un andamio mucho más grande», donde intervienen actores institucionales, prácticas sociales y patrones culturales arraigados. En este sentido, la corrupción, como sistema adaptativo, muta, se reorganiza y genera dinámicas difíciles de contener desde un derecho concebido solo como un mecanismo punitivo.
Psicopatía, sociopatía y conducta social: factores determinantes
El docente explicó que un análisis profundo revela que la corrupción se relaciona directamente con rasgos psicopáticos y sociopáticos presentes en individuos que integran instituciones públicas y privadas. Según su investigación, estas conductas se gestan en el seno familiar, donde desde edades tempranas se reproducen prácticas como la mentira, el engaño o la manipulación.
Benítez detalló que, de acuerdo con estudios y clasificaciones como el DSM-5, un porcentaje significativo de la población presenta rasgos asociados a la trampa, el beneficio personal y el uso del poder para intereses individuales. Estas características, afirmó, se manifiestan con claridad en espacios como el sistema penitenciario y en múltiples instituciones públicas.
Crítica a la respuesta institucional tradicional
El experto cuestionó la eficacia de crear nuevos comités, comisiones o entidades anticorrupción cuando dichas estructuras operan dentro del mismo sistema que posibilita los actos ilícitos. Ejemplificó esto señalando que incluso la Contraloría General del Estado, ente encargado del control, ha mostrado permisividad frente a irregularidades cometidas por funcionarios públicos.
Igualmente, puntualizó casos paradigmáticos que evidencian la gravedad del problema: un expresidente del Consejo Nacional de la Judicatura en prisión, un exvicepresidente procesado, y altos funcionarios prófugos.
Propuesta: una transformación cultural desde la sociedad civil
Frente a este panorama, el Dr. Benítez propuso que la lucha contra la corrupción debe surgir desde la ciudadanía organizada. La solución, sostuvo, no puede depender exclusivamente de instituciones estatales, pues estas también son permeables a prácticas corruptas.
Entre sus recomendaciones destacan:
• La creación de mingas de honestidad y observatorios ciudadanos anticorrupción.
• La articulación de colectivos ciudadanos que impulsen la transparencia y la vigilancia social.
• Un proceso de transformación personal y familiar, revisando rasgos como la mentira, la manipulación y el abuso de poder.
• La promoción de una psiquiatría y terapia social, que aborde los trastornos conductuales de forma comunitaria y no solamente individual.
• El fomento de la ética pública, la educación en valores y la coherencia entre el discurso y las acciones cotidianas.
Asimismo, invitó a la población a reconocer sus propios rasgos negativos como un primer paso hacia el cambio. “Una vez que yo cambio, puedo influir en mi grupo, en mi familia y en mi comunidad”, afirmó.
La academia como eje transformador
El docente subrayó el compromiso de la UTPL en la formación de profesionales íntegros y críticos. Comentó que su labor académica se basa en la rigurosidad y la responsabilidad: “Yo estudio diez horas diarias para no engañar a mis estudiantes. Conmigo saldrán dolidos, pero no engañados”.
Finalmente, destacó la importancia de la dialéctica de la sabiduría —saber, querer, poder, hacer, esperar y, para quienes son creyentes, orar— como guía ética para la vida personal y profesional.





