Las reuniones con funcionarios del Banco Central se volvieron cada vez más ásperas pese a los intentos de Prado de convencer al directorio. El presidente del BCE, Pablo Better, insistía en la flotación del dólar, que para el 5 de enero de 2000 había alcanzado un tope de 30.000 sucres y había cerrado en 24.000. Enero de 2000 comenzó con el anuncio de un levantamiento indígena, rumores de renuncia del mandatario y hasta de golpe de Estado. Sin embargo, el gabinete de Mahuad no pensó que aquello sucedería.

Así llegó el mandatario al sábado 8 de enero, caminando por una pequeña terraza de Carondelet a las once de la mañana. “Si no consigo el apoyo político para dolarizar, ¿debo seguir de presidente? ¿Qué es lo más conveniente para el país”, se preguntaba. Entonces, relata en su libro, llegó el secretario general de la Administración Pública, Jaime Durán, para darle una buena noticia. El entonces diputado Jaime Nebot le había pedido que le avisara a Mahuad que lo apoyaría en la dolarización, que podía contar con los votos socialcristianos en el Congreso para sustituir al directorio del Banco Central y que votaría por las reformas legales para implementarla.

Ante la pregunta de ¿por qué ahora?, Durán habría dicho: “Me dijo que había rumores de que ibas a renunciar y que sería un desastre que en este país cambiara de manos en este momento”.

La mesa de tres patas estaba lista. Al día siguiente, Carondelet se convirtió en un panal de abejas. Otra reunión para decidir la tasa de cambio de sucres a dólares, que al final quedó en 25.000 sucres. Casi con gabinete en pleno, el vicepresidente Gustavo Noboa no alcanzó a llegar para la cadena nacional, Mahuad anunciaba: “He llegado a la conclusión de que la dolarización es un sistema conveniente y necesario para el Ecuador”. (I)