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La social comunicación

Escrito por: Jorge E. Reyes

¿Dónde inicia el cambio de la sociedad, con los políticos y sus propuestas públicas, los gremios u organizaciones sociales, los analistas o los medios de comunicación social?
Con certeza y a menudo, el gran conglomerado social nos hacemos esa pregunta, ¿dónde?; quizá conozcamos la respuesta, tal vez la imaginemos, pero ciertamente entendamos que para dar inicio al cambio de la estructura social necesitamos empezar cambiando lo que escuchamos, vemos y leemos diariamente.
Para muchos puede resultar curioso este planteamiento, pero es bien sabido que mentalmente lo que a diario consumen nuestros cerebros, se convierte en el medidor y moderador de nuestro comportamiento.
Para entender mejor esta idea, iniciaré ejemplificándolo asi: amanece, enciendes la radio y escuchas decenas de oráculos que te dicen cual será el futuro del país y la ciudad, que creen que con una escuela de formación política la crisis desaparecerá y la sociedad mejorará, un cadáver ambulante que dice siempre “mi maestro me decía” y nunca tuvo ni siquiera maestro; acostumbrados a acusar al resto de su negligencia e inoperancia, críticos de todo, hacedores de nada, juez y parte, argolla y sentencia.
A continuación lees el diario y lo primero que encuentras son sendos análisis de como avanza o retrocede fulanito en las encuestas, que al dirigente de X organización lo destituyeron del cargo por dársela de politólogo cuando olvidó pedir permiso a quien le ordena para saludar o agachar la cabeza.
Enciendes la Tv y de los aproximadamente 11 canales que se transmiten en señal abierta a los cuales tienen acceso la mayor parte de ecuatorianos, 10 transmiten burdas series donde cosifican a las mujeres por su cuerpo o inteligencia; otros te pasan historias de vida de personas económicamente pudientes quienes te cuentan de sus viajes al exterior, haciéndote creer que el dinero te convierte en alguien, pero no te dicen que desde el mismo momento que naces ya eres alguien; un tercero te transmite novelas donde el protagonista primero inocente luego culpable, te enseñan que la vida se trata de tomar venganza acostarte con varias mujeres y embriagarse, es cosa de hombres.
Otro te muestra armas, religión y solo uno de ellos te habla de como será la educación en el futuro, cuales serán las profesiones que se crearán con los avances tecnológicos, datos como que en el 2050 ya no serán necesarios los agrícolas sino científicos agrícolas, que cualquier persona no tendrá la necesidad de ir a trabajar en su oficina sino que podrá hacerlo desde su casa y su computador, claro, pero ver eso es mas aburrido que ver combate o mis tres marías.
Este tipo de detalles me inducen a creer que cuando Ecuador aprobó una ley de comunicación donde habla que los medios deben promover la educación en sus contenidos, siento que no se equivocan, prefiero entender que el respeto a los demás empieza respetándose uno mismo y que si hablo de futuro debo pensar en el bien común y no en el bien de solo un grupo.
Entender que si hablamos de la necesidad de un cambio en la sociedad, cambio de la matriz mental para el beneficio de todos; debemos empezar cambiando la matriz de contenidos que los medios nos venden, porque haciendo este análisis muy superficial, percibo que la sociedad es lo que los medios de comunicación nos venden.
Lamentablemente somos el reflejo de aquello, así lo aseguraba Celina Ramos en uno de sus artículos donde expresaba “Ese otro, que está ahí y comunica, dirige mi pensamiento e integra mis experiencias del mundo, se impone sobre mi conciencia y sobre las instituciones que conozco, se implica en mis conceptos de belleza y bondad, y de alguna manera regula mis ideas sobre la verdad”. Así nos someten y así les gusta manipularnos y así nos tienen acostumbrados.
Si crees en un mejor futuro, promueve los derechos ciudadanos por mejores contenidos comunicacionales, promueve comunicación de calidad, verificada, contrastada, contextualizada y verificada, promueve la libertad de expresión con responsabilidad. Si queremos un cambio verdadero cambiemos primero los contenidos que los medios nos ofrecen. (O)

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