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Dayanna Monroy: la temida investigadora Fuente: vistazo

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Fuera del canal es una mujer de 30 años; descomplicada, sencilla y sin poses, pero cuando entra a Teleamazonas de madrugada, se convierte en una reportera temible cuyas palabras precisas y directas apuntan a denunciar la corrupción de frente. 
Recuerda que cuando empezó la pandemia cuestionó más de una vez su propia relevancia en pantalla, pero ella misma contestó su inquietud.
“A finales de marzo hice un reportaje acerca del personal de salud del hospital Teodoro Maldonado y todos me decían que trabajaban sin mascarillas ni guantes. Salimos con el tema en pantalla y al día siguiente recibían sus mascarillas. Hacer periodismo en tiempos de coronavirus fue necesario para contar la verdad. Pasó lo mismo con la cifra de los muertos en Guayaquil. Sin investigaciones periodísticas nadie se hubiera enterado de la triste realidad. A mí no me dolió tanto que hablen mal de Guayaquil, sino que no decían la verdad”.
Dayanna está consciente de que ganó protagonismo durante la pandemia. ¿Piensa que la bomba que explotó frente al canal fue para asustarla a usted? “La gente dice eso, yo no lo creo. No trabajo con miedo. Mientras mis jefes me respaldan sigo con mi trabajo. Hace poco estaba saliendo del supermercado y una señora mayor me dijo: gracias por denunciar la corrupción, usted es muy valiente. Este tipo de reconocimiento me da fuerza. No somos un país corrupto. La gente quiere deshacerse de este mal y como periodista estamos para librar esta batalla”.
Denunciar la corrupción
Dayanna trabaja mucho cada tema que expone en pantalla.
“Antes de exponer el tema de los Bucaram, teníamos dos años investigando. Todos sabíamos que existía una mafia, pero necesitábamos pruebas y no encontrábamos el hilo director hasta que tocamos el tema del ex asesor del Pre (prófugo ahora) que también había sido jefe de compras del hospital. Lo único bueno de la pandemia es que el caos permitió que se evidencie muchos temas de corrupción”, asevera la periodista que reveló también el mal uso los carnets para personas discapacitadas.
“Siempre admiré a María Cecilia Largacha por sus reportajes y su claridad al exponerlos. Su estilo frontal es un ejemplo de buen periodismo. Cuando empecé a trabajar quería ser clara y entendible para que cualquier persona me pueda entender. Por eso me demoro mucho en escribir mis temas porque mi primera intención es que la gente me comprenda con una entonación y modulación adecuada. Hice una maestría sobre elaboración de formatos de televisión en España porque la imagen y la voz son muy importantes”.
¿Qué tuvo que corregir? “Hablar más pausadamente, pero eso viene con el conocimiento. Mientras más sabes mejor te desenvuelves en pantalla”.
Nacida para cuestionar
Dayanna tiene dos hermanas menores de 24 y 19 años.
Una estudia psicología clínica y la otra se está graduando de comercio exterior. “Soy la única periodista de la familia. Crecí con tres mujeres, pero creo que me parezco a mi papá por ser independiente”.
Su padre -agente de la comisión de tránsito- le prohibía ver telenovelas y le ponía a ver los noticieros. Cuando terminó el colegio le obligaba a tomar el bus porque le decía que era la única manera de conocer la ciudad. 
Después de graduarse con 16 años en el colegio San francisco de Asís no sabía si estudiar leyes o periodismo, pero optó por el periodismo a pesar de ser tímida.
De su niñez recuerda mucha libertad. En su casa nunca le dijeron, que no podía salir por ser niña. “Mi papá me dejaba pelear por mis convicciones, reclamar, cuestionar. Cuando empecé a trabajar en Telerama me dijeron que buscaban un hombre porque el trabajo era en la tarde, para mi no tenía sentido. Tampoco tuvo sentido cuando un político me dijo después de una entrevista en Teleamazonas: usted es muy guapa, debería ser modelo”.
La joven guayaquileña con pestañas largas y mirada negra y penetrante pertenece a una generación de mujeres que se ganó un espacio en el periodismo. No son reinas de belleza ni floreros efímeros. Han estudiado y quieren un espacio en la sociedad. “Empecé a hacer periodismo una semana después de graduarme a los 19 años, ya son 11 años trabajando y sigo aprendiendo”, asevera.
Vivir el periodismo
Todos los días Dayanna se levanta a las 5 de la mañana, hace cardio y practica box luego va al canal, presenta el noticiero, se reúne con los otros periodistas, sigue el otro noticiero, las revisiones de documentos, las coberturas y un programa de radio de 17 a 19h todos los días.
El periodismo, su vida. Es curiosa, atenta, detallista y comprometida con su profesión.
“Mis jefes son periodistas y tengo un equipo que me respalda. Me gusta trabajar las investigaciones, pero siempre ansío estar en la calle, necesito la calle para contar las historias. Yo soy reportera antes que todo”.
¿Qué es un buen día para usted? “Es muy complejo porque cuando es un buen día para mí, es un mal día para el país. Acabo de hacer un reportaje sobre el mal uso de los carnets para personas discapacitadas. Algunos podrían decir que fue un buen reportaje, pero para mí como ser humano no fue un gran día. De hecho, muchas carreras periodísticas surgen con tragedias”, aclara.
“Mi mejor reportaje fue cuando regresé al sitio del terremoto un año después. Vi a los sobrevivientes y me dieron a mí y a los televidentes verdaderas lecciones de vida, eso me alimentó como ser humano y periodista”.
Futuro internacional
Hace tres años Dayanna terminó su masterado en España.
Regresó con un novio, profesor y comunicador político y unos sueños de vida. “Quisiera explorar más países e idiomas, quizás hacer un intercambio. Además, estudié mi maestría en realización de televisión porque quiero hacer documentales.
“Si me pregunta cuál es mi sueño, le contesto:  armar mi maleta y viajar a través del mundo para contar historias. Acá aprendí mucho y considero que Ecuador tiene buenos periodistas, me quisiera probar fuera”.
Mientras tanto, Dayanna volverá a despertarse mañana para denunciar casos de corrupción ¡y que a nadie se le ocurra decir que debería ser modelo! Fuente: https://www.vistazo.com/

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El río Zabala de Tutupali fue adecuado para fomentar el turismo comunitario

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Tutupali. – El Gobierno Provincial de Zamora Chinchipe pensando en el fomento del turismo comunitario y rural en las comunidades de la Provincia, en coordinación con el Gobierno Parroquial de Tutupali hizo la entrega de la primera etapa de la adecuación turística en la ribera derecha del río Zabala en Tutupali, además, suscribieron un convenio para construir un nuevo proyecto turístico desde uno de los lugares más vistos que tiene este hermoso rincón de Yacuambi.

La primera etapa de esta construcción turística consistió en dos cabañas a la ribera del río Zabala, manteniendo el diseño arquitectónico del lugar, con el fin de fortalecer la comercialización de los productos de los emprendedores, a más de ello se hizo el mejoramiento de un espacio recreativo para promover el deporte.

Hacia este bello rincón natural llegó el prefecto Cléver Jiménez, mencionó que en la práctica como Prefectura se apoya al turismo comunitario o rural. En esta ocasión se está entregando a los moradores de Tutupali la primera etapa de esta adecuación en el río Zabala, con la finalidad que las personas vengan y conozcan la exuberante naturaleza que posee Tutupali y que puedan incrementar sus recursos económicos. “Desde el Gobierno Provincial celebramos el Día Internacional del Turismo entregando obras e iniciando nuevas para beneficio de todos”.

Víctor Saca, presidente del Gobierno Parroquial de Tutupali, se siente muy agradecido con la primera autoridad de la Prefectura por ayudar al desarrollo con esta obra importante y esperada por los habitantes de esta jurisdicción. Además, hizo un llamado a los turistas que visiten Tutupali una parroquia por historia turística, gente acogedora y con la mejor gastronomía del lugar, “siempre los recibiremos con los brazos abiertos”, sostuvo el presidente.

A más de ello, el Prefecto junto a las autoridades y comunidad visitaron el lugar donde más adelante se construirá un nuevo proyecto (mirador turístico) para en la práctica hacer turismo comunitario. Por parte del Gobierno Provincial se está trabajando en esta propuesta, pues ya se firmó el convenio y el siguiente paso será la colocación en el presupuesto de recursos económicos.

“Estamos comprometidos con la Provincia y sabemos que el único camino para salir del subdesarrollo es apoyando al sector productivo y por ende al sector turístico, sólo así se podrá generar fuentes de trabajo y solventar en algo la crisis económica, es importante que las autoridades más allá del sedentarismo visitemos los diferentes rincones de nuestra Provincia y constatemos las necesidades que hacen falta en las 29 parroquias y en los 9 cantones y juntos encaminemos al desarrollo que tanta falta nos hace”, sostuvo Cléver Jiménez.

Claudio Torres, director de Gestión Social, Turismo e Interculturalidad de la Prefectura, mencionó que en este año la Organización Mundial del Turismo (OMT) creó el slogan turismo y desarrollo rural, porque es un lugar post COVID donde todos buscan su reactivación y como Institución también se busca el fomento de las comunidades a través de esta actividad. En ese sentido desde la Unidad de Turismo de esta Institución se está trabajando fuertemente en apoyo a estas iniciativas.

Por el Día Internacional del Turismo el Prefecto recorrió dos lugares turísticos: Romerillos Bajo en la parroquia Timbara, cantón Zamora y Tutupali, cantón Yacuambi.

 El Gad Provincial aportó USD 15.000 Y EL Gad Parroquial de Tutupali 2.500 dólares. (I)

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Sucumbíos, Loja, Orellana y Guayas son algunas de las provincias con las temperaturas máximas extremas más altas en el 2020

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La región Interandina se caracteriza por tener las temperaturas más bajas en el país, mientras que en la Costa y Amazonía esto es todo lo contrario y se presentan las temperaturas más altas. A mayor altitud la temperatura será menor.

La temperatura máxima se toma durante el día, mientras que la mínima se lo hace durante la madrugada. En el 2019, la ciudad que alcanzó la temperatura más alta fue Coca con 36,3 °C.

De acuerdo con información del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi) en 61 estaciones automáticas, la de Lumbaquí, en la provincia de Sucumbíos, registró la temperatura más alta con 39,4 °C, seguida de la de Macará, en la provincia de Loja, con 38,2 °C.

Las estaciones que menos temperaturas máximas registran son la de Ozogoche, en la provincia de Chimborazo, con 7,1 °C y la de Guamaní-Antisana, en la provincia de Napo, con 9,1 °C.

Otras de las localidades que registran temperaturas altas a nivel nacional son:

  • Nuevo Rocafuerte (Orellana): 38,1 °C
  • Guayaquil (Facultad CC.NN.): 37,4 °C
  • Guayaquil-Montebello (Guayas): 36,6 °C
  • Durán (Guayas): 36,6 °C
  • Puerto Hondo-Guayaquil: 36 °C
  • Huaquillas (El Oro): 36 °C

En Quito, la mayor temperatura la captó la estación La Tola registrando 27,3 °C. (I)

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Día de la Bandera de Ecuador: cuál es su historia y qué significan sus colores

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Hace 160 años, un 26 de septiembre, el entonces presidente Gabriel García Moreno decretó que Ecuador retomaría como su bandera a la que usó cuando formábamos parte de la Gran Colombia. En memoria de este hecho histórico, se celebra en esta fecha el Día de la Bandera Nacional.

El tricolor amarillo, azul y rojo flameó por primera vez en nuestro territorio el 25 de mayo de 1822, al día siguiente de la Batalla del Pichincha, que selló nuestra Independencia. No éramos aún Ecuador sino que pertenecíamos a la Gran Colombia.

Como nuestra convulsionada historia de los inicios de la República, la bandera también fue cambiando a medida que sucedían las revoluciones o los cambios de jefes de Estado. Guayaquil, por ejemplo, no aceptó el tricolor grancolombiano e izó, desde el 2 de junio de 1822, una bandera blanca con un cuadro superior azul, y dentro de él una estrella blanca.

Sería hasta 1830, cuando se conformó la República del Ecuador, que se retomó el uso de la bandera amarillo, azul y rojo. Pero solo duró 15 años, cuando se implementó la bandera celeste y blanco de la Revolución marcista. «Adoptó un nuevo pabellón compuesto por tres cuarteles paralelos al asta, azul el del centro y blancos los laterales, y en el del centro, tres estrellas blancas que representaban los departamentos que conformaban entonces el Ecuador: Guayaquil, Quito y Cuenca», se explica en la Enciclopedia del Ecuador, de Efrén Avilés Pino.

Esta bandera tuvo una variación a los ocho meses: de tres estrellas pasó a tener siete para representar el número de provincias que tenía entonces el país.

Pero en 1860, García Moreno decidió que se retome el uso de la bandera tricolor, para conmemorar el triunfo que ese mismo día se logró en la Batalla de Guayaquil, disputada en el lugar donde ahora se ubica la Plaza de la Victoria. Ahí está incluso un monumento al exmandatario.

Los tres colores de este símbolo patrio representan nuestros recursos, historia y memoria de quienes dieron su vida en el proceso independentista. «Debiendo tener la franja amarilla el doble de ancho que las restantes. En símbolo de la abundancia de su suelo, minero y fértil. El azul es un trozo del cielo y del mar ecuatorianos, y se ubica en el medio; y el rojo, la sangre de sus héroes, que dieron la vida para que esa bandera flamee independiente, que se encuentra en la parte inferior», explicó el Ministerio de Defensa. (I)

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