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China dice que encontró trazas de SARS-CoV-2 en paquetes de carne de res importada desde Argentina

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China anunció que ha vuelto a encontrar restos del coronavirus en el envasado de productos congelados importados, en este caso de Argentina, informó este miércoles el diario local Global Times.

Una inspección de los embalajes de carne de ternera congelada argentina en la ciudad suroriental de Xiamen dio positivo tras hacer pruebas de ácido nucleico, indica el diario.

Las autoridades locales indicaron que la carne todavía no había salido al mercado y que transportistas y otros contactos cercanos han sido puestos en cuarentena pese a haber dado negativo en los análisis de coronavirus.

También anunciaron que se encontraron restos del virus en pez mantequilla procedente de la India y de salmón ruso.

En las últimas semanas, el país asiático ha detectado trazas de coronavirus en varios empaquetados de productos refrigerados -incluida la carne brasileña y el camarón ecuatoriano-, lo que ha llevado a Pekín a endurecer las normativas de importación de congelados.

De hecho, el contagio por esa vía de transmisión de dos estibadores del puerto oriental de Qingdao desencadenó un pequeño rebrote en la ciudad a principios del mes pasado.

Solo en noviembre, cargamentos congelados de pescado indio e indonesio, carne brasileña y otros productos procedentes de Alemania, Rusia y los Países Bajos dieron positivo por coronavirus en las inspecciones llevadas a cabo por China, aunque desde julio se han sucedido este tipo de casos en distintos productos desde procedencias diferentes.

Según la Comisión Nacional de Sanidad, la China continental cuenta en estos momentos con 324 infectados activos (de los cuales tres se encuentran graves) y 456 casos asintomáticos en observación. (I)

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Pacientes con ‘COVID largo’ comparten en redes sus síntomas persistentes

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Durante meses, la investigadora Hannah Davis no pudo conducir ni permanecer concentrada ante una pantalla. Aquejada de síntomas persistentes de COVID-19, esta neoyorquina lanzó con otros colegas en situación similar un estudio sobre los «pacientes de larga duración».

Davis, de 32 años y especialista en «machine learning» e Inteligencia Artificial, forma parte de un movimiento internacional de pacientes que se agruparon en las redes sociales y que abogan porque se les reconozca como «pacientes de larga duración del COVID-19» (Long Covid, en inglés).

El nuevo coronavirus, que ha matado a al menos 1,4 millones de personas en el mundo, puede en efecto provocar síntomas persistentes en adultos en buen estado de salud antes de caer enfermos.

«Para un número importante de personas, este virus provoca una serie de efectos graves a largo plazo», afirmó en octubre el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, enumerando la fatiga, síntomas neurológicos e inflamatorios y problemas de corazón y pulmonares.

Desde el inicio de la pandemia, miles de enfermos empezaron a escribir en las redes sociales una especie de diario de su COVID sin fin, para tratar de comprender por qué no se curaban.

Entonces, se había establecido que la forma moderada de la enfermedad desaparecía al cabo de unas dos semanas, especialmente los síntomas respiratorios.

Para Davis, el «día 1» fue el 25 de marzo cuando le costó trabajo entender un SMS enviado por un amigo. Luego tuvo fiebre. Tras confirmar que se trataba del COVID-19 creyó equivocadamente que se curaría rápidamente.

En abril, toda vez que los síntomas neurológicos empeoraban, descubrió un grupo de apoyo en línea creado por el colectivo feminista «Body Politic», adonde llegaban testimonios de todo el mundo.

Davis se asoció entonces con otras mujeres investigadoras para lanzar su estudio «Patient-led Research for Covid-19» (Investigación sobre el covid-19 abanderada por pacientes).

Las 640 respuestas aunadas en tiempo récord –principalmente entre mujeres estadounidenses–, apuntaron a la fatiga y la confusión mental, las cuales todavía no figuraban como síntomas oficialmente reconocidos del covid-19.

La londinense Ondine Sherwood sufría agotamiento, desmayos después de un esfuerzo y problemas digestivos, cuando descubrió Body Politic y se quedó «estupefacta» de ver que no era en absoluto la única.

Con otros miembros británicos del grupo, Sherwood formó su propia organización, «Long Covid SOS», para llamar la atención de su gobierno. Su intención era manifestarse ante el Parlamento en silla de ruedas, pero el confinamiento se lo impidió.

Finalmente, el grupo realizó y colgó un video con testimonios, llamado «Botella al mar». La OMS lo vio y encargó a la organización reunir a pacientes para una reunión en agosto. En ella, Hannah Davis presentó el estudio de Body Politic.

«Recuperar la energía»

Desde entonces, la OMS llamó a los gobiernos a reconocer esta condición y a lanzar nuevas investigaciones al respecto.

Pero muchos pacientes todavía deben movilizarse para ser tomados en serio.

Pauline Oustric representó a grupos de pacientes de Francia, España, Italia y Finlandia en la reunión de la OMS, en la que abogó por un reconocimiento mayor y atención médica.

Esta francesa, de 27 años, estudiante en tesis en la Universidad inglesa de Leeds, enfermó en marzo. Durante meses, luchó para obtener ayuda de las autoridades sanitarias, que le respondieron que no formaba parte de los grupos de riesgo. Finalmente regresó a Francia, en silla de ruedas.

Oustric creó entonces una asociación con otros pacientes, «aprèsJ20» (después del día 20).

En el único servicio de consultas especializado para los pacientes de larga duración en Francia, un médico le diagnosticó una disautonomía, una disfunción del sistema nervioso autónomo. Volvió a casa de sus padres y solo puede trabajar su tesis por periodos de 30 minutos.

«No puedo realizar ninguna actividad física, levantar objetos, siento dolor todo el día, tomo muchos medicamentos», describe. «Mi vida es caótica. Espero recuperar mi energía».

«Tabú»

En Italia, un médico aconsejó a Morena Colombi consultar un psiquiatra por sus síntomas.

Esta mujer, de 59 años, creó entonces el grupo de Facebook «Nosotros quienes vencimos el covid», que cuenta hoy en día con 10.000 miembros. «Ya no me siento sola ni que estoy loca», declara a la AFP.

Juno Simorangkir creó el grupo «Covid Survivor Indonesia» tras haber recibido el apoyo de Body Politic.

En Indonesia, el COVID-19 es «tabú», asegura, y los enfermos aquejados de síntomas persistentes chocan con el escepticismo de los médicos, sus jefes e incluso su familia.

La falta de datos generalizados sobre este fenómeno dificulta la movilización de estos pacientes.

Según un sondeo publicado en julio por las autoridades sanitarias de Estados Unidos, 35% de los adultos con síntomas no se habían curado entre dos y tres semanas después de haber dado positivo al test.

Un estudio del Desert Research Institute (Estados Unidos), todavía no releído por investigadores independientes, concluyó que alrededor de 25% de los casos confirmados todavía tiene al menos un síntoma después de 90 días.

El director de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos saludó el trabajo de «científicos ciudadanos» efectuado por Davis y sus colegas, que ya recogió casi 5.000 participaciones de 72 países.

Los síntomas persistentes frecuentes incluyen problemas respiratorios, pérdidas de memoria, dificultades para concentrarse y «conducir, ocuparse de sus hijos y trabajar», según Davis.

Mucho pacientes sufren además desmayos después de un esfuerzo, así como el síndrome de fatiga crónica, pero la investigación todavía debe determinar si el vínculo es pertinente, agregó. (I)

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INTERNACIONALES

Lucha contra el VIH/sida: Una vacuna llega a la última fase de ensayos por primera vez en una década

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Noticias esperanzadoras llegan, no solo en la lucha contra el COVID-19, también desde el combate contra la pandemia de VIH/sida, que golpea al mundo desde hace casi cuatro décadas: un prototipo de vacuna contra el Virus de Inmunodeficiencia Humana llegó a la última fase de ensayos por primera vez en 10 años.

Se trata de una vacuna desarrollada por la farmacéutica belga-estadounidense Janssen en conjunto con la Red de Estudios de Vacunas para el VIH (HVTN por sus siglas en inglés) de los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos (NIH).

El producto utiliza la misma tecnología adoptada por la empresa en su vacuna contra el COVID-19: un adenovirus modificado (un virus del resfriado común diseñado genéticamente para ser inofensivo), al que se le agregó una combinación de proteínas del VIH para que el organismo cree anticuerpos contra las distintas cepas del virus. Por lo tanto, ninguna persona recibirá el virus de VIH, ni muerto ni atenuado.

La vacuna de Janssen contienen inmunógenos en mosaico, es decir moléculas capaces de producir una respuesta inmunitaria contra muchas cepas del VIH. Uno de los mayores obstáculos al desarrollo de una vacuna contra el Virus de la Inmunodeficiencia Humana ha sido hasta ahora su alta variabilidad.

La vacuna —en realidad son dos inyecciones, una codificada con tres proteínas y otra con cuatro— superó los estudios de seguridad y creó anticuerpos, según un estudio publicado en The Lancet. Sin embargo, falta por ver si funciona en condiciones reales.

Para verificarlo se están llevando adelante dos ensayos clínicos llamados Mosaico e Imbokodo.

En este momento, Mosaico es el único estudio de fase 3 de una vacuna contra el VIH en el mundo y el primero en alcanzar esta etapa desde 2009. El ensayo probará si la vacuna puede prevenir la infección por VIH en 3.800 hombres que tienen sexo con hombres (HSH) y personas transgénero de 18 a 60 años en Europa y las Américas, según informa la empresa en su página web.

El estudio reúne a centros de Argentina, Brasil, España, Estados Unidos, Italia, México, Perú y Polonia. A cada voluntario se le ofrecerá un paquete ampliado de prevención del VIH, y recibirá de manera aleatoria la vacuna o el placebo. El ensayo durará de 24 a 36 meses, para verificar la permanencia e intensidad de la protección. Los resultados del estudio estarán disponibles en 2023.

La vacuna propuesta por el estudio Mosaico tiene un fin preventivo, es decir, busca evitar que personas VIH negativas adquieran el virus, y no está orientada para personas que ya viven con el VIH, según explica la ONG Fundación Huésped en su página web.

“El estudio permitirá evaluar la eficacia de una vacuna que, en las fases preliminares, mostró resultados promisorios. La ciencia del desarrollo de la vacuna contra el VIH es compleja, pero el conocimiento científico sigue mejorando continuamente. Si Mosaico puede demostrar que el régimen de vacunas del estudio funciona, será un paso muy importante en el camino para encontrar una vacuna segura y eficaz para la prevención del VIH”, sostuvo María Inés Figueroa, sub-investigadora para el estudio HVTN, en el sitio de la fundación.

Imbokodo, el segundo ensayo, está probando si la vacuna puede prevenir la infección por VIH en 2.600 mujeres jóvenes de entre 18 y 35 años en países del sur de África, donde la transmisión es mayoritariamente por sexo heterosexual. Este ensayo se encuentra actualmente en fase 2.

En los últimos 25 años, más de 30.000 voluntarios formaron parte de diferentes estudios de vacunas contra el VIH a nivel mundial y en ningún caso ninguna vacuna produjo infección, ya que éstas no contienen VIH. Sin embargo, ninguna demostró una protección superior al 30%.

Pese a los avances en lo que respecta los tratamientos antirretrovirales, que hacen que una pastilla al día mantenga el virus controlado y lo reduzca tanto que la persona infectada no puede transmitirla y la profilaxis preexposición (Prep), una pastilla que protege del VIH si se toma antes de las relaciones sin protección, los expertos coinciden en que una vacuna preventiva sigue siendo necesaria apara cambiar el rumbo de la epidemia del VIH.

Las ventajas, destaca Janssen, es que este tipo de herramienta de prevención del VIH no depende del buen cumplimiento por parte del destinatario y previene la infección causada por múltiples cepas de VIH en todo el mundo.

De acuerdo a los últimos datos difundidos por ONUSIDA en julio del 2020, en la actualidad hay 38 millones de personas que viven con VIH en el mundo. De ellas 25,4 millones están en tratamiento antirretroviral. En el 2019, 1,7 millones de personas adquirieron la infección. (I)

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Mutaciones del coronavirus no son más infecciosas, según investigación

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De acuerdo con un artículo publicado en la revista científica Nature Communications, ninguna de las mutaciones del coronavirus está haciendo que el virus se propague más rápido. Aunque se debe seguir monitoreando por si se presentan nuevos cambios.

Eso indican investigadores de UCL (University College London), que analizaron 46.723 casos de 99 países para ver cómo se había alterado la transmisión del coronavirus y analizar otras posibles mutaciones. A partir de ello afirman que no ha mutado para volverse más infeccioso.

Ellos mencionan que actualmente la mayoría de los casos de COVID-19 presentan la mutación D614G, que es diferente a la cepa original (614G) que se identificó cuando inició la pandemia en Wuhan, China.

En total encontraron 12.706 mutaciones del nuevo coronavirus y ninguna de ellas resultaba ser más infecciosa.

Aunque previamente otros académicos habían dicho que la variante D614G era la más infecciosa, el análisis del equipo de UCL, que fue una revisión genética, que esa mutación se ha convertido en la dominante por casualidad.

La nueva investigación también indica que el coronavirus sufre mutaciones por tres factores: Errores resultantes de copias erróneas mientras el virus se replica dentro del cuerpo humano, mediante la interacción con otros virus que infectan una misma célula y por cambios provocados por el sistema inmunológico del huésped (este es el que más lo provoca).

Lucy Van Dorp, líder de la investigación comenta que, ‘afortunadamente’, ninguna de las mutaciones encontradas hace que el coronavirus se propague más rápido -ni aumentan o disminuyen su capacidad de contagio-, pero se debe seguir atento a lo que pueda pasar en este tema, especialmente por estar muy cerca de que las vacunas lleguen a ser una realidad.

Mientras, otro estudio que se realiza en la Universidad de Lovaina, Bélgica, explica que la mutación dominante, la D614G, se habría convertido en tal porque prospera mejor a 37° C, la temperatura del cuerpo.

«La mutación también se asocia con una mayor capacidad para manipular proteasas, enzimas en las células que destruyen las proteínas, para facilitar la infección», según una publicación del diario británico Daily Mail.

Desde la universidad europea se indica también que los resultados de la investigación de UCL se deben tomar con cuidado y seguir estudiando el coronavirus. (I)

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